Aquí te contamos nuestra experiencia durante los 5 días que pasamos entre Leticia y Puerto Nariño, en el corazón de una comunidad indígena, en el departamento del Amazonas en Colombia.
Claro, es exagerado hacer como si la Amazonía colombiana se resumiera a Leticia y Puerto Nariño, pero, como es el destino más popular de esta región que cubre nada menos que un tercio de Colombia, vamos a seguir la corriente durante este artículo, sabiendo que la Amazonía colombiana es mucho más que eso: es Puerto Inírida y los Cerros de Mavecure, es San José del Guaviare, es Mocoa y el Putumayo, es Mitú y el Vaupés, etc.
En este artículo vas a descubrir día a día lo que vivimos, entender por qué decidimos organizar nuestra estadía desde una comunidad indígena, ¡y por qué fue la mejor decisión que pudimos tomar!
Contenido

Poster “Guacamaya”
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Preambulo
Nos levantamos de madrugada para tomar el primer vuelo hacia Leticia. Llegamos a las 9h a la capital amazónica, el calor no es tan sofocante como nos lo habíamos imaginado, recogemos nuestro equipaje, pagamos el impuesto turístico obligatorio y nos encontramos con Henry, indígena Ticuna, líder comunitario y operador local de la comunidad, a quien le confiamos la organización de nuestros 5 días y 4 noches en la región.

El consejo de Angélica & Samuel
Primer aparte: elegimos tomar el vuelo lo más temprano posible a la ida y lo más tarde posible a la vuelta, para aprovechar al máximo nuestro tiempo en la Amazonía. ¡De verdad te recomendamos hacer lo mismo!
Este viaje fue un poco especial, porque viajamos acompañados de una familia amiga (con 2 niñas de 8 y 10 años) y también pensamos el programa para que ellos pudieran disfrutar al máximo su descubrimiento de la Amazonía colombiana con nosotros.
Si decidimos recurrir a Henry, fue porque queríamos evitar hospedarnos en la ciudad (Leticia o Puerto Nariño), queríamos vivir la experiencia más auténtica posible sin renunciar a un mínimo de comodidad, queríamos estar lo más cerca posible de la naturaleza y de todo lo que hace la magia de esta región única en el mundo.

El consejo de Angélica & Samuel
Segundo aparte: viajamos en febrero, en plena temporada de aguas altas, donde nos esperan los famosos paisajes de bosque inundado. Si dudas en venir a la Amazonía en temporada de lluvias, no dudes más. Los paisajes son increíbles.
Gracias a él y a su gran conocimiento del territorio, pudimos armar un programa a la medida. Teníamos algunas ideas de lo que queríamos hacer y él supo a la vez guiarnos y escucharnos para encontrar el equilibrio perfecto entre naturaleza y cultura, que es la riqueza de la Amazonía.
Puedes leer
Para todos los detalles prácticos y logísticos, puedes consultar nuestra guía para preparar su viaje al Amazonas colombiano
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Henry podrá hacerte una propuesta de programa pero si algunas actividades no te gustan o si tienes alguna idea precisa, podrás hablar con el sin problema para personalizar la propuesta.
Día 1 – Leticia, la frontera brasilera y los primeros delfines

Tomamos el taxi desde el aeropuerto hacia el centro de Leticia. Teníamos toda la mañana disponible para recorrer la ciudad antes de tomar “la voladora”, como le llaman a la lancha rápida, hacia la comunidad indígena donde nos hospedaremos durante toda nuestra estadía.
Una mañana en Leticia : mercado, frontera, y primeras frutas amazónicas
Henry nos lleva al mercado cubierto de Leticia. Una ocasión para vivir una primera inmersión en los olores y los sabores de la Amazonía: aquí todo es diferente, sobre todo los pescados y las frutas que estarán en el centro de nuestro descubrimiento de la gastronomía amazónica.
Probamos nuestro primer jugo de açaí, esa bebida que está de moda en todos los lugares “healthy” del planeta por sus múltiples propiedades. ¡Pero aquí, todas las frutas, todas las plantas, toda la naturaleza tienen propiedades! Lo comprobaremos durante estos 5 días.
Recorremos los puestos de este mercado lleno de colores vivos donde se mezclan las culturas indígenas, colombianas, brasileñas, peruanas… Porque aquí, como quizás ya sabes, ¡es la triple frontera!
Nos sentamos en una pequeña panadería para desayunar, luego nos dirigimos hacia la frontera brasileña, más por el símbolo que por el interés del lugar en sí. El momento es de todas formas bastante anecdótico: al subir al mirador que marca la frontera, ¡el celular de Angélica cambia de hora de inmediato para ponerse en hora brasileña!
Finalmente nos acercamos al parque Santander aunque no era la hora para observar los miles de loros que vienen a anidar allí al caer la tarde, y luego pasamos frente al museo etnográfico de Leticia, cerrado ese domingo, pero que no dejaremos de visitar el último día antes de tomar el vuelo de regreso.














Primera navegación por el río Amazonas
Leticia es una ciudad en movimiento constante, muchos carros, motos, tuk-tuks, mucho ruido, ambientes, olores, mucha animación y vida, especialmente alrededor del muelle turístico donde esperamos la salida de nuestro barco.
Son las 12h cuando por fin tomamos “la ruta”, ¡o más bien el río! ¡Por fin estamos en el tan esperado Amazonas! Porque si uno viene a Leticia, es también, y sobre todo, para navegar por el río más grande del mundo…
Sentir el viento en la cara navegando por las aguas del río Amazonas serpenteando en medio de la selva más grande del mundo es una experiencia que te marca de verdad. Está el Himalaya, el Cabo de Hornos, el desierto del Sahara, Groenlandia… y está el río Amazonas.











Llegada a la comunidad indígena
Después de 2h de trayecto, llegamos finalmente a la comunidad donde nos espera nuestro primer almuerzo. Nos recibe Luci, la esposa de Henry quien, acompañada de otras mujeres de la comunidad, nos han preparado una deliciosa comida. ¡Y así será durante los 5 días! La verdad es que, después de haber escuchado los testimonios de algunos viajeros, nos habíamos preparado psicológicamente para comer lo mismo todos los días… ¡gran error! Aquí, cada día tuvimos sorpresas, sobre todo jugos de frutas cada vez más increíbles los unos que los otros, y la calidad de la cocina fue de verdad una grata sorpresa.
Después de esa buena comida, partimos a registrarnos en el centro comunitario. Aquí, el turismo es comunitario en el sentido más estricto del término. Esta comunidad indígena ha sido pionera en este campo y sirve de modelo de desarrollo turístico para las comunidades vecinas. El turismo fue visto como un motor de conservación y protección de la naturaleza, pero también como una fuente de ingresos para mejorar la vida de la comunidad. Todo está organizado para que el impacto del turismo sea lo más positivo posible para el mayor número de habitantes.






Avistamiento de delfines
Son las 4pm y es hora de subir a la lancha para ir a ver nuestros primeros delfines del Amazonas. Cruzamos el río Amazonas hasta la orilla peruana; Henry y Gilberto son expertos para encontrar los mejores puntos de observación. Apagamos el motor y nos dejamos llevar por la corriente cuando surgen las primeras aletas del delfín gris… y aunque ya los habíamos visto en el Guaviare y el Guainía, ¡la emoción sigue intacta!
Tuvimos la suerte de ver varios grupos de pequeños delfines grises (Sotalia fluviatilis), y luego de ver surgir a lo lejos, contrastando con las aguas ocre del río, el cuerpo brillante de un delfín rosado (Inia geoffrensis). Estas son las dos especies de delfines presentes en el río Amazonas.
Disfrutamos de ese momento fuera del tiempo, el cielo se carga, y lejos, alrededor de nosotros, caen tormentas y lluvia, el sol se une para regalarnos el más bello de los arcoíris sobre el río y la selva amazónica… primera impresión y primer golpe al corazón.
¡Bienvenidos al Amazonas!









Caminata nocturna
Para terminar este primer día, salimos a hacer una pequeña caminata nocturna por el bosque secundario alrededor de la comunidad.
Descubrimos los sonidos, los insectos y las enormes tarántulas que habitan la selva y se activan cuando cae la noche.
Henry propone también una verdadera inmersión en la selva pasando la noche en un campamento, pero eso será para una próxima vez.




Día 2 – Comunidad de Mocagua, Monos y pájaros
Para tener en cuenta
Comunidad de Mocagua
Mocagua es un resguardo indígena pluriétnico de aproximadamente 1.000 habitantes, principalmente de etnia Ticuna, pero también Cocama, Yagua, Uitoto y Ocaina.
La comunidad de Mocagua está dirigida por un curaca, elegido cada año con su cabildo, encargado de representarla ante el Estado y de asegurar el gobierno interno. La economía local se basa en la pesca, la agricultura de subsistencia (yuca, maíz, plátano), la artesanía y el ecoturismo comunitario. Este está estructurado por una Secretaría de Ecoturismo, órgano colectivo compuesto por representantes de cada sector (alojamientos, transporte, guías, restaurantes, artesanos…) a los que se suman un coordinador general, miembros de la guardia indígena y los mayores.
Una parte de los ingresos del turismo van a un Fondo comunitario que financia las inversiones colectivas y la fundación Maikuchiga, que jugó un papel pionero atrayendo a los primeros visitantes.
Un acuerdo de cogestión entre la comunidad de Mocagua y los Parques Nacionales de Colombia regula la protección conjunta del territorio y el Parque Natural Amacayacu, un modelo considerado ejemplar en la Amazonía colombiana. Los guías de la comunidad de Mocagua están entre los pocos autorizados para guiar turistas en la selva del parque natural.
Sendero Ome Maü y los monos de Mocagua
Este segundo día fuimos a conocer el proyecto de conservación de la comunidad de Mocagua llevado por su fundación Maikuchiga. Salimos desde el pueblo con Andrea, una de las participantes del proyecto, quien nos guía para adentrarnos en la selva.
La fundación Maikuchiga trabaja por la protección de los primates recuperando animales víctimas del tráfico. Y aquí se pone en marcha un largo proceso de rehabilitación a la vida silvestre, que puede durar varios años, antes de que los monos puedan retomar su vida en la selva.
Para permitir que los visitantes vengan a observar los monos churucos, la comunidad de Mocagua abrió el sendero Ome Maü, que es en cierto modo la antítesis de la demasiado famosa Isla de los Micos. Aquí, no se permite ninguna interacción con los monos. Claro que el hecho de que sean animales en rehabilitación facilita la observación, pero no se monta ningún circo, ninguna invitación a la interacción, ninguna práctica que busque atraer a los monos con comida u otras malas prácticas que generan cambios de comportamiento.
La especie principal del proyecto de conservación es el mono churuco (Lagothrix), un primate en peligro de extinción. Pero otras especies también hacen parte del programa y, sobre todo, el sendero Ome Maü fue para nosotros la ocasión de cruzarnos con otras especies de primates que nunca habiamos visto como el zogui-zogui (Cheracebus lugens), el tití pigmeo o “leoncito”(Cebuella pygmaea), y el “bebe leche” (Saguinus fuscicollis)…
Como siempre con la observación de fauna silvestre, ¡nada está garantizado y eso es lo que nos encanta! Así que ven con la mejor energía y seguro serás recompensado..
Bueno saberlo
Fundación Maikuchiga
Creada por John Jairo Vásquez González, líder indígena de la comunidad de Mocagua, y la bióloga estadounidense Sara Bennett, la fundación Maikuchiga trabaja desde 2006 por la protección de los primates de la región en estrecha relación con toda la comunidad.
La fundación tiene varios objetivos: la rehabilitación de especies víctimas del tráfico, el monitoreo de las especies presentes en el bosque de la comunidad (190.000 hectáreas), y la educación tanto de los turistas como de la propia comunidad y comunidades vecinas.
Hay que entender que los monos siempre han hecho parte de la alimentación básica de las comunidades indígenas desde tiempos ancestrales. Llevando a la desaparición progresiva de ciertas especies, especialmente el mono churuco, pieza clave del equilibrio del ecosistema de la selva amazónica.
La fundación jugó un papel crucial para cambiar las mentalidades y lograr que los cazadores del pasado se convirtieran en los protectores de hoy.
Y para eso había que encontrar la manera de compensar de alguna forma el cese de la caza, que también era fuente de ingresos. Y fue ahí donde el turismo entró en juego, ofreciendo una alternativa económica a través de la formación de los antiguos cazadores como guías turísticos y empleando algunos en la fundación para un trabajo de monitoreo y rehabilitación.













Museo Etnográfico de Mocagua
Al salir del sendero Ome Maü, tenemos un poco de tiempo antes del almuerzo. Lo aprovechamos para visitar el pequeño museo etnográfico de Mocagua y allí conocemos a Lay, apasionada por su cultura y su deseo de compartirla, quien se encarga del museo.
Este museo, creado por sus padres, busca dar a conocer las tradiciones Ticuna y mantener los saberes ancestrales, en especial a través de talleres entre mayores y jóvenes de la comunidad.
Aprenderemos un poco más sobre la cosmogonía Ticuna, los utensilios tradicionales para cocinar, pescar, cazar, el papel de la cocina, y sobre el ritual de paso a la adultez de las niñas, llamado “Pelazón”.
¡Recomendado!





Avistamiento de aves
Después de un buen almuerzo y una siestecita, tenemos cita con Victoria, miembro de la asociación GOAM (Grupo Organizado Aviturismo de Mocagua), una iniciativa indígena multiétnica que a través del avistamiento de aves promueve la conservación de los ecosistemas frágiles y la protección del Piurí (Crax globulosa), especie amenazada presente en la isla de Mocagua.
Operan en la comunidad de Mocagua, un territorio estratégico ubicado entre el río Amazonas y el bosque del Parque Nacional Natural Amacayacu, convirtiendo el avistamiento de aves en una alternativa económica sostenible.
Este grupo es un ejemplo de cómo las comunidades locales lideran la protección de la biodiversidad amazónica, integrando los conocimientos ancestrales a la ciencia moderna para el monitoreo de la avifauna.
Desafortunadamente el clima no nos acompañó y la lluvia cae a cántaros. Se abre una pequeña ventana de todas formas y salimos en lancha a descubrir las aves presentes en los bordes del río (recordemos que estamos en temporada de aguas altas y de bosque inundado)






Al entrar por la quebrada Matamata, el avistamiento de aves se convierte rápidamente en avistamiento de primates con el encuentro de una manada de monos ardilla saltando de rama en rama a toda velocidad.






De regreso, descubrimos por primera vez esos paisajes excepcionales del bosque inundado. Navegamos con el motor apagado entre los árboles sumergidos; el paisaje es increíble.
Todavía lo dudas ?
Habla de tu proyecto de viaje con Henry








Día 3 — Chagra, maloka y plantas medicinales
El tercer día salimos hacia la comunidad Ticuna de San Martín de Amacayacu. Ubicada a unos 30 minutos en lancha adentrándose en los meandros de un brazo del Amazonas bien llamado Amacayacu, “el río de las hamacas”, por razones que seguramente conocerás si vienes a visitar esta comunidad.
Aquí en San Martín, pasaremos el día en compañía de un mayor de la comunidad y su nieto. Aunque hay algunas actividades programadas, el hilo conductor de esta jornada fueron los encuentros informales que tuvimos allí, las escenas de vida que observamos, los encuentros que provocaremos… empezando desde nuestra llegada al descubrir la preparación del casabe en plena faena, una preparación a base de yuca, típico de la gastronomía indígena amazónica.
Plantes médicinales
Salimos con el abuelo Victor para conocer algunas plantas usadas en la medicina tradicional indígena. Si el pequeño jardín botánico es interesante, lo es aún más cuando nos adentramos en la selva y descubrimos los usos de ciertos árboles y plantas que encontramos en el camino.
La Chagra
Nos dirigimos hacia la Chagra de Víctor.
La Chagra es la huerta de las comunidades indígenas. Es un concepto de cultivo de subsistencia común a casi todos los pueblos indígenas del sur de Colombia. En el caso de los Ticuna se practica el sistema de tala y quema.
Una parcela de bosque se tala, se seca y luego se quema, creando un claro. Allí se cultiva yuca, plátano y otras frutas y verduras, y se usan las cenizas como abono natural. Después de 2 o 3 años de cultivo, la parcela se abandona. El bosque vuelve (rastrojo), restaurando la fertilidad del suelo durante un período de 10 a 30 años.
Tradicionalmente los pueblos indígenas eran nómadas y se desplazaban hacia nuevas parcelas, permitiendo que las anteriores se regeneraran.








La Maloca
De vuelta al pueblo, nos dirigimos hacia la Maloca del pueblo, ubicada al lado de la escuela.
La Maloca es un lugar sagrado para las comunidades indígenas. Es un lugar complejo de entender. La Maloca simboliza a la vez la comunidad misma, sus miembros, pero también el chamán que practica allí sus rituales, y la relación entre el mundo de los espíritus y el mundo de los vivos.
El abuelo Víctor intenta con sus palabras explicarnos todo esto, contarnos mitos y leyendas Ticuna; es caótico, difícil de desenredar, pero sabemos que no es en 1 hora de conversación que ese lugar tan importante puede ser explicado.
Después de proceder a la armonización de la Maloca con el Copal, una resina del árbol del mismo nombre, Víctor nos hace pasar uno a uno al centro de la Maloca para un pequeño ritual de purificación.









Encuentros
Como mencionamos antes, más que las actividades propuestas durante esta jornada, fueron los encuentros que vivimos los que marcaron el día.
Las conversaciones con los habitantes se fueron multiplicando, aquí alrededor del fuego para secar la yuca, allá alrededor de las manos ágiles de las mujeres preparando la fibra de Chambira, que sirve para toda la artesanía fabricada en las comunidades indígenas de la región, o al pasar por el trabajo de una Minga, esa forma comunitaria de trabajar en grupo para el beneficio de alguien de la comunidad.
Nos vamos de la comunidad con una sonrisa en la cara, envidiando a los niños que se refrescaban en las aguas del río. De regreso, entramos de nuevo al bosque inundado a través de túneles abiertos, un paisaje fascinante que anticipa lo que viviremos en la noche.
Al llegar al río Amazonas, nos cruzamos de nuevo con nuestros amigos los delfines grises (Sotalia fluviatilis), que nos regalan su baile antes de retomar camino hacia nuestro alojamiento.












Salida nocturna en lancha por la selva inundada
Después de la cena, volvemos a navegar por la quebrada Matamata a la luz de las linternas y nos adentramos en el bosque inundado. El espectáculo es fascinante, difícil de describir; no se puede imaginar lo que esta experiencia representa hasta que no se ha vivido…
A la luz de las linternas es como si la selva revelara una identidad escondida, una cara totalmente invisible de día, ¡pues pasamos por los mismos túneles de selva unas horas antes!
El momento es mágico y quedará como uno de los recuerdos más marcantes de nuestro viaje por la Amazonía.




Día 4 — Osos Perezosos, Victoria Regia, Puerto Nariño y lagos de Tarapoto
¡Es un día que esperábamos desde que llegamos! El cuarto día salimos hacia Perú, a conocer un proyecto de conservación de perezosos liderado por una comunidad indígena peruana.
Navegamos por el río hacia Puerto Nariño y nos desviamos por un brazo tranquilo, la vegetación cambia un poco, y llegamos a la comunidad de Altamira. Un guía local nos acompañará toda la mañana a través de senderos y canales.
El Perú y las Guacamayas
Desde el comienzo de la estadía, hablamos con Henry de nuestro sueño de poder observar las Guacamayas en su entorno natural, admirar su plumaje increible y verlas volar en libertad. Hasta ese momento solo habíamos visto ejemplares retenidos y alimentados por humanos…
Al llegar, Henry habla con El Gato, nuestro guía peruano, y, como por arte de magia, nos lleva a dos pasos de allí a observar un gran árbol que bordea la laguna. ¿Y allá arriba, en un hueco en medio del tronco, qué vemos? ¡Una Guacamaya anidando! ¡Y llega la pareja en su vuelo majestuoso! La magia es total. No lo podíamos soñar mejor
Le sacamos fotos sin parar a la pareja en su nido y esperamos, cruzando los dedos, a que uno de los pájaros decida salir del hogar… ¡y ahí la magia opera de nuevo! Una Guacamaya levanta el vuelo y ¡clic! Se logró la foto para recordar por siempre ese momento que llevábamos tanto tiempo esperando.



Los perezosos no tan perezosos !
La comunidad hace un trabajo de protección y monitoreo de los osos perezosos presentes en su territorio. Como en Mocagua, fue necesario un trabajo de educación para transformar las costumbres y convertir a los cazadores en guías naturalistas.
Y aquí de nuevo estamos ante un modelo virtuoso: los perezosos están en su entorno natural, sin interacción, sin intervención humana, sin puesta en escena.
¡Y de nuevo tenemos suerte! Los perezosos hoy están activos, se mueven, buscan qué comer y nos ofrecen un espectáculo maravilloso. Y resulta que un perezoso cuando se activa no es tan lento como creíamos
Dato curioso
¿Por qué el perezoso es tan lento?
Si el perezoso es tan lento en sus movimientos, es por su dieta baja en calorías, que le impone un metabolismo muy bajo y, por lo tanto, la necesidad de ahorrar al máximo su energía.
¿El perezoso, una farmacia ambulante?
El pelaje del perezoso alberga todo un ecosistema en miniatura: algas, hongos, bacterias, polillas y mariposas cohabitan en él. En 2014, investigadores del Smithsonian revelaron que ciertas cepas de hongos extraídas del perezoso podrían ayudar a combatir el parásito del paludismo, el de la enfermedad de Chagas, e incluso células de cáncer de seno. Además, esa capa verdosa de algas y hongos le ofrece al perezoso un camuflaje natural en el dosel, volviéndolo casi invisible para los depredadores.








Ah si, y los Tucanes, (Pteroglossus castanotis) otro regalo !
La Victoria Regia
Continuamos nuestro recorrido tomando una piragua hacia un pequeño lago de aguas tranquilas, rodeado de una vegetación exuberante y donde aparece el nenúfar rey del Amazonas, la famosa Victoria Regia, nenúfares gigantes cuyas hojas pueden alcanzar hasta dos metros de diámetro.
Verlos en su entorno natural, flotando sobre un agua negra como la tinta, es una de esas imágenes que ninguna foto logra restituir del todo.
Descubrimos las diferentes etapas de crecimiento del loto; es la temporada de floración y, de nuevo, disculpa que nos repitamos, el espectáculo es hermoso. La majestuosidad de estas plantas es realmente impresionante.
Es hora de partir hacia Puerto Nariño, con los ojos y el corazón agradecido, y nos decimos que, de verdad, la Amazonía no va a parar de sorprendernos y que nos regala momentos únicos.






Puerto Nariño
Desde la orilla peruana, embarcamos hacia Puerto Nariño, el segundo municipio más grande del departamento del Amazonas, después de Leticia. Aquí, las autoridades decidieron prohibir los vehículos motorizados (ni carros, ni motos, ni tuk-tuks). El pueblo es suficientemente pequeño para poder hacer todo a pie.
En Puerto Nariño se respira un ambiente distinto. Se cruzan muchos más turistas extranjeros. El ambiente es radicalmente diferente a todo lo que hemos vivido hasta ahora y, la verdad es que confirmamos una vez más, que tomamos la decisión correcta al concentrarnos en lo esencial de la región: su río, su selva y sus comunidades indígenas.
De todas formas el pueblo es bonito, con sus calles bordeadas de palmas y sus casas coloridas. Descubrimos la fábrica de chocolate local (recordemos que el cacao viene de la Amazonía), pasamos por el mirador Naipata, pero lamentablemente Samuel no estaba muy bien y tuvimos que acortar nuestro recorrido por Puerto Nariño y los lagos de Tarapoto vecinos.

El consejo de Angélica & Samuel
Realmente no recomendamos hospedarse en la ciudad, ni en Leticia ni en Puerto Nariño. Y después de haberlo vivido, te aseguramos que la experiencia de quedarse en una comunidad es la mejor manera de descubrir esta parte del Amazonas









Lagos de Tarapoto
Retomamos la navegación hacia los lagos de Tarapoto, cuya extensión completa no podremos admirar del todo por consideración al estado de Samuel, quien, aun así, aguanta para que podamos disfrutar un poco.
Nos detenemos en un rincón tranquilo; es el momento que todos estaban esperando: ¡el momento de lanzarse a las aguas cálidas y oscuras del Amazonas. Es una experiencia que hay que vivir al menos una vez en la vida… la alegría se siente en los rostros, el agua juega con efectos de espejo, el paisaje tiene una tranquilidad absoluta.
¡Nos vamos frescos y serenos, después de una jornada llena de emociones!






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Día 5 — Le Ceiba, Artesanía Tikuna y regreso a Leticia
¡Y llegó el último día! Todo pasó como en un sueño. Vamos a despedirnos de este territorio único, pero, antes de partir, Henry nos invita a saludar el árbol sagrado para las comunidades Ticuna, La Ceiba, el gigante de la Amazonía.
La Ceiba, árbol sagrado del Amazonas
Salimos para una pequeña caminata por la selva. En el camino, nos encontramos con una pequeña familia de monos Zoguis-Zoguis. Henry y Gilberto nos aseguran que es muy raro verlos tan cerca y en esta zona.
De nuevo la naturaleza nos regala sorpresas inesperadas.
Llegamos finalmente al pie de la Ceiba (Ceiba pentandra), uno de los árboles más grandes de la Amazonía. Este gigante puede superar los 60 metros de altura, emergiendo por encima del dosel como un centinela.
Ecológicamente, el Ceiba alberga todo un ecosistema: sus ramas cubiertas de epífitas dan hogar a insectos, ranas, serpientes, monos y aves. Sus frutos liberan el kapok, una fibra sedosa e imputrescible que los pueblos amazónicos usan desde hace siglos.
Pero el Ceiba es mucho más que un árbol. Para muchas comunidades indígenas de Colombia, encarna el eje del mundo: a través de sus raíces conecta el mundo subterráneo, a través de su tronco el mundo de los vivos, y a través de su copa el mundo de los espíritus.
Para tener en cuenta
La Ceiba y el mito de la creación del mundo
Para los Ticuna, el pueblo indígena más grande de la Amazonía, presente en Colombia, Brasil y Perú, en el comienzo de los tiempos el universo estaba sumido en la oscuridad: una Ceiba gigante se erguía en el centro de la selva y su inmensa copa ocultaba la luz del sol.
Yoí e Ipi, los héroes gemelos hijos de Ngütapa, decidieron acabar con las tinieblas. Con la ayuda de los animales de la selva, tumbaron el árbol colosal después de meses de esfuerzo. Donde cayó el tronco nació el río Amazonas, sus ramas se convirtieron en los afluentes, y sus innumerables hojas, de tamaños y colores diferentes, se transformaron en peces, peces que serían pescados por Yoí e Ipi para crear el pueblo Ticuna.
Para los Ticuna, la Ceiba es también la morada de la Kurupira, espíritu protector y madre de la selva amazónica, un árbol sagrado que nunca hay que talar, para no romper el equilibrio del mundo.









Taller de artesanía
De vuelta a nuestro alojamiento, Henry nos organizó un encuentro con una abuela que practica el arte del tejido de la fibra de Chambira (Astrocaryum chambira). Hay todo un proceso para llegar a fabricar el hilo que permite hacer objetos y joyas.
Recolección de la palma, extracción de la fibra, secado, tintura, y luego viene el torcido. Entre los Ticuna y otros pueblos amazónicos, esta operación se hace tradicionalmente a mano, rodando las fibras sobre el muslo. Se tuerce primero cada hebra rodándola hacia adelante sobre el muslo, luego se juntan las dos hebras rodándolas en sentido contrario, lo que las traba naturalmente la una alrededor de la otra.
Despues de un conversar con la abuela y escuchar sus anecdotas, manos a la obra, es hora de fabricar una pequeña manilla que nos llevaremos de recuerdo.

El consejo de Angélica & Samuel
La artesanía es una de las principales fuentes de ingresos para las comunidades indígenas de la región. No dudes en llevarte un recuerdo y apoyar el trabajo de los artesanos locales.



El egreso a Leticia
Después de un último almuerzo preparado con amor por Luci, y unas despedidas que esperamos que sean solo un hasta luego, nos vamos llenos de gratitud por estos días pasados en compañía de personas tan cálidas, en el corazón de un territorio tan impresionante.
El río Amazonas nos abre sus brazos por última vez para un último viaje. Luego reencontramos el bullicio de Leticia, como una cámara de descompresión hacia un regreso a la realidad bogotana…
Nos tomamos el tiempo de escuchar a los loros que, esta vez, sí están ahí, nos tomamos el tiempo de visitar el museo etnográfico que se nos había escapado el primer día, nos tomamos el tiempo de compartir ese momento con una mediadora indígena que nos comparte sus interpretaciones de las piezas del museo, y sus vivencias como indígena. una conclusión de una riqueza increíble que cierra de manera magistral esta estadía en el Amazonas.
Son las 7pm, despegamos. Es de noche y no vemos la inmensidad de la selva amazónica extenderse bajo nuestros pies. Solo la imaginamos, tal como la descubrimos: llena de historias, de secretos, de sabiduría, de saberes para compartir con el mundo.
Gracias Henry, Luci, Gilberto, y a todos nuestros guías por habernos permitido descubrir un pequeño pedazo de su territorio ancestral de una manera tan excepcional. Todo fue perfecto.
Para preparar tu viaje al Amazonas también puedes leer
- Qué hacer en Leticia (proximamente)
- Qué hacer en Puerto Nariño (proximamente)
- Preparar un viaje al Amazonas (Proximamente)

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tu viaje será organizado por Henry, operador indígena Ticuna
Turismo responsable
Henry es miembro de una comunidad indígena Ticuna ubicada sobre el río Amazonas entre Leticia y Puerto Nariño. Henry propone numerosas experiencias de inmersión en la naturaleza y la cultura, un turismo responsable y comunitario en la selva amazónica. Lo ideal para vivir una experiencia auténtica y bien organizada.


